domingo, 14 de junio de 2026

Osvaldo Rossler: Jorge Luis Borges

 

Osvaldo Rossler

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          



       Borges, desde su juventud, supo que el poeta máximo es el que inventa un idioma o, al menos, el que ordena con el más renovado grado de lo sensible todas las excelencias pasadas y presentes del idioma, y de la suma logra un nuevo límite de expresividad. Esta secreta aspiración mueve a unos y a otros ¿pero a quiénes, en suma, les está dado renovar o transformar desde el fondo el lenguaje? ¡Cuántas virtudes y hasta cuántos azares son necesarios para alzanzar tal hazaña! Casi todos repiten, hurgan con varia fortuna en el arsenal de las más prestigiosas lecturas y sólo unos pocos enriquecen con un tono, con un énfasis —y esto es bastante— el hecho literario básico que anida en el pasado.

       Podríamos pensar que Borges no pretendió fines como los propuestos. Sus primeros libros muestran a un sensitivo que busca describir antes que interpretar. Buenos Aires es el motivo general, el vínculo que determina a casi todo poema. El poeta, nunca compilador grosero de lo real sino sujeto que testimonia su gradual experiencia entre las cosas, procede por reconocer por partes el ámbito donde ha nacido. Surge así no el conjunto caótico, indeterminado, sino aquellas particularidades, esos pequeños universos de la calle, del patio, del zaguán, del baldío, tan fáciles de querer por ser abarcables, por íntimos y, por ende, de ser reconocidos con palabras.

               El tono familiar que invade los versos tolera con holgura divagaciones sobre el espacio y el tiempo, sobre el ser y no ser, como asimismo esos recuerdos que invocan el pasado glorioso de algún antepasado comprometido en la guerra de la independencia o en las luchas internas de la patria. Una coherencia interior, tan pendular como lo exige el tratamiento vario de la realidad, producto de la educación con su secuela de hábitos y de valores, liga con naturalidad al gustador de calles solitarias con el lector de Berkeley y Schopenhauer; el amor a la pampa con la execración de Rosas; la curiosidad por la mitología y la cosmogonía con la emoción que determina el rasgueo de una guitarra; la mención del amigo con la devoción del bisabuelo cuya audacia fue la costumbre de su espada.

       Humildad y prestancia, sencillez y orgullo coexisten o se enfrentan, dotan de gamas personales a una poesía habitualmente clara y que sin ser efusiva puede llegar a conmover. No se advierten renovaciones profundas de lenguaje que el ultraísmo, movimiento bajo el cual Borges inscribe sus primeros entusiasmos, no estaba en condiciones de suministra. El verso no se sujeta a rimas y rigores métricos, y en esa libertad, que exhibe con una decorosa discreción, cabe apuntar su más grato resultado artístico. Donde se advierte el mayor aporte de originalidad, y esto se acentuará con el crecer de la obra y asumirá su máximo esplendor en los relatos, es en los juegos de la imaginación que, por la delicada estructura metafísica con que se envuelven, seducen al lector a la manera de una magnífica novelería sobre la suerte del destino humano.

        ¿Juegos o inmolaciones, devaneos mentales o exposición de un drama? Aquí los términos no se oponen, confirman las verdades alternadas con que se gesta el arte. Porque hay una fruición por las palabras, por los lujos que exige la materia literaria, pero esto no hace más que apuntalar la seriedad de fondo, el desarrollo grave de los contenidos.

         Hay un horror en Borges por la muerte, que la afición por la ironía o por la conjetura disfrazan momentáneamente. Las concepciones cíclicas de la existencia, la devoción por simetrías y fórmulas matemáticas, símbolos son, adornos otras veces, salidas apremiantes en casi todos los casos con que diluir esa obsesión primera, que cuando se establece en uno gira por los espejos, anida en calles y aposentos, coarta la libertad de los actos, arrastra a la alucinación, convierte a cada cosa en un enigma, invita a elaborar, entre el dolor y el sueño, nuevas teorías sobre el tiempo.

         La muerte último drama que nos convoca a todos, es lo que torna heroica cada existencia, lo que convierte a cada vida en un destino poético: La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas, cada acto que ejecutan puede ser último;  no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. (“El inmortal”)

        Este párrafo corresponde a un relato, pero su clima poético es notorio. En estos fragmentos decididamente líricos, dispuestos a lo largo de ensayos, cuentos o divagaciones se hallan a mi entender, las más afortunadas palabras de Borges. No limitado en estas ocasiones por la cadencia rítmica del endecasílabo, el pensamiento se hila con soltura, la forma conceptual encuentra su espacio más propicio, la erudición gravita menos. Se asiste, entre otras excelencias, a una delicia de enumeraciones: Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillarnos, pero una cosa o un número infinito de cosas muere en cada agonía, salvo que exista una memoria del universo, como han conjeturado los teósofos . En el tiempo hubo un día que apagó los últimos ojos que vieron a Cristo; la batalla de Junín y el amor de Helena murieron con la muerte de un hombre. ¿Qué morirá conmigo cuando yo muera, que forma patética o deleznable  perderá el mundo? ¿La voz de Macedonio Fernández, la imagen de un caballo colorado en el baldío de Serrano y de Charcas, una barra de azufre en el cajón de un escritorio de caoba? (“El testigo”)

        Las explicación de una teoría se plantea con símbolos, con ilaciones de la fantasía. La agrupación de las palabras en prosa o en verso es algo incidental, el hecho imaginativo que las inviste es permanente: El tiempo es la sustancia de lo que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges. (“Nueva  refutación del tiempo”)

       No hay otra solución que el apelar al sueño organizado de la literatura. Sueño como tensión, como ejercicio. Así, escribir tendrá más forma de ahondamiento que de fuga, y todo se convertirá en materia o aspiración de poesía. El orbe borgiano de este modo se ordena como un todo artístico. Una conciencia lúcida preside desde la iniciación cada momento verbal, cada recreación de autores y de libros, cada una de las adquisiciones de la personalidad, y por estar no sólo el verso sino cada comentario, cada análisis, cada argumento de destinos humanos realizados con una tal ansia de verdades y de síntesis de medios, sin olvidar al hombre que se nos revela por instantes en toda su desnudez, puede decirse de esta obra que es como un acto poético en torno de la literatura. Vive de ella, trabaja con sus episodios, extrae de su complejidad categorías. Urde una imagen con su historia.


       En un época en la que el oficio literario como actividad teñida de intelectualismo, ha sido escarnecido por sus propios creadores en nombre de la aventura, delos sueños, o de un mandato social, Borges nos reconforta con una franqueza nada exenta de coraje: Pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído. Mejor dicho: pocas cosas me ha ocurrido más dignas de memoria que el pensamiento de Schopenhauer o la música verbal de Inglaterra. (Epilogo de “El hacedor”)

          Quien descubrió su mayor felicidad al amparo de los grandes textos puede decir sin sombra de arrepentimiento, con la llaneza de quien se identifica ante los colegas que lo honran por un premio obtenido: …me crié en un jardín, detrás de un largo muro, y en una biblioteca de ilimitados libros ingleses. Añadirá: suelo pensar que esencialmente, nunca he salido de esa biblioteca y de ese jardín. Qué he hecho después, qué haré sino tejer y destejer imaginaciones derivadas de aquellas.

       ¡Timidez, cobardía, pobreza de la voluntad frente a las posibilidades de una existencia más abierta a los azares y a sus consiguientes riesgos? De pronto, la sospecha puede asaltar a algún observador. ¿Construir palabras no será el fruto mezquino del ocio y de la comodidad? ¿Cuál es, entonces, la raíz moral del hecho de escribir? Pero no. Que la sinceridad de nuestro autor no nos convierta en cómplices de esa actitud que juega a la literatura como una actividad o fin que no se bastan a sí mismos. Ante las pruebas de un destino realizado, ese jardín y esa biblioteca vividos como un límite, en vez del juicio negativo o del desdén ¿no deben merecer más bien aprobación y simpatía por haber sido los ámbitos y las reverencias que posibilitaron el dichoso desenlace de una vocación? Porque además, este hombre cuya tarea fue escribir algunos libros, sabe muy bien, como ninguno, de la precariedad, la contingencia que rodea a cualquier gesto o idealidad forjada por los seres. Ningún enigma queda revelado con el mecanismo de las frases; sólo unos artificios, unas pequeñas glorias. Borges no se consuela totalmente con esa eternidad que finge la belleza y eso lo precipita al solo deleite de ser nadie, al culto de lo anónimo. Se muestra ajeno, incluso, a los resultados de su propio hacer; no advierte autonomía en esos vínculos que ordena, al punto que coloca a modo de introducción, en una de sus antologías, estas palabras: Si las páginas de este libro permiten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tu el lector de estos ejercicios y yo su redactor.

       Siempre el azar, hasta en ese orden intimo y aparentemente legislado por la voluntad que entraña la faena de hacer versos. El azar o el no azar, porque este vivir nuestro, real e ilusorio, infinito y fugaz que fluye con el tiempo, muestra sobre la piel del mundo y de sus hechos la presencia de un dios o de unos dioses, de un espíritu eterno que condiciona y estimula las acciones de la criatura humana. En esta cadena de contradicciones toda realidad es el reflejo de otra excelsitud, dimana de un orden cuya entonación platónica se advierte claramente en estos dos versos:
          A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires
          La juzgo tan eterna como el agua y el aire.

          La Fundación Mitológica de Buenos Aires

     Este poeta, que en su juventud no mereciera de Lugones el juicio elogioso, la aprobación que, en cambio, fuera prodigada a otros compañeros, desdén o indiferencia que acaso sintió siempre  y lo llevó en su madurez a elaborar sonetos que reparasen los desmanes de  la juventud: acaso porque la práctica deficiente importa menos que la sana teoría. Este voraz, profundo observador del espectáculo de la literatura; este lector y original interprete de la filosofía idealista, de Platón a Hume, de Spinoza a Leibniz, más alla de sus convicciones o de sus descreencias puede hacer suyas las palabras últimas del viejo, atormentado Swift, que el propio  Borges recuerda en una de sus prosas: Soy lo que soy. Así caminará por la ciudad natal, o por los arrabales que fija la memoria y, hombre como cualquiera, héroe de su leyenda, dirá, repetirá: Soy lo que soy.

     Borges, en fin, no es un fantasma, sino ese ser ya claudicante, enceguecido, que veo dirigirse en esa hora del ocaso ciudadano hacia la plaza San Martín. Borges es ese cuerpo que tropieza, esa figura intransferible, ese bastón, ese concreto paso que avanza cada día por la calle Florida, con aire absorto y a la vez atento, complejo y simple, temeroso y seguro; ése que simplemente está como los otros y debe responder por unos sentimientos, por unas costumbres, por la memoria de unos nombres, por el amor a unas casas. Así se advierte —se lo advierte— real y puede devolverse a todo el universo de su desventura. Entonces será igual construir o no correspondencias, laberintos, esa poesía que como la vida de los hombres, es inmortal y pobre.

(Convergencias, Osvaldo Rossler, editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1976)

OSVALDO ROSSLER (Buenos Aires, 1925-2004) Poeta, letrista, cantor, periodista y ensayista.
























































































































 

lunes, 8 de junio de 2026

Guillaume Apollinaire: 5 poemas

 

 Guillaume Apollinaire

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            



UNA NOCHE

Un águila descendió de este cielo blanco de arcángeles  
       Sosténganme
¿O dejarán a esas lámparas temblar por mucho tiempo?
      Recen recen por mí  

La ciudad es metálica y es la única estrella  
      Ahogada en tus ojos azules  
Cuando los tranvías pasaban luces pálidas brotaban  
      Sobre pájaros con sarna  

Y todo lo que temblaba en tus ojos de mis sueños  
      Que un solo hombre bebía  
Bajo luces de gas rojas como una falsa oronja  
      Oh vestida tu brazo se acurrucaba  

Mirá al actor sacándole la lengua a los obedientes
      Un fantasma se suicidó  
El apóstol cuelga en la higuera y babea lentamente
      Juguemos pues con este amor a los dados   

Campanas de claro sonido anunciaban tu nacimiento  
                               Mirá  
Los caminos florecen y las palmeras avanzan  
                               Hacia vos.


 EL PUENTE MIRABEAU

Bajo el puente Mirabeau pasa el Sena  
Y nuestros amores  
¿Hará falta que lo recuerde?  
La alegría siempre siguió a la pena.  

      Viene la noche suena la hora  
      Pasan los días y sigo acá  

Las manos en las manos cara a cara sigamos  
Mientras debajo  
Del puente de nuestros brazos pasa  
De miradas eternas la ola agobiada  

      Viene la noche suena la hora  
      Pasan los días y sigo acá  

Como esta agua que fluye
Se va el amor se va el amor  
Cuán lenta es la vida  
Y violenta la Ilusión  

      Viene la noche suena la hora
      Pasan los días y sigo acá  

Pasan los días también las semanas  
Ni tiempo pasado  
Ni amores regresan  
Bajo el puente Mirabeau pasa el Sena

      Viene la noche suena la hora  
      Pasan los días y sigo acá
                                                              1913

EL VIENTO NOCTURNO                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       
Las cimas de los pinos crujen al chocarse  
Y sentimos el lamento del austro   
Y cerca del río con voces triunfales   
A los elfos reír al viento o vociferar a las ráfagas  
Atis Atis Atis encantador y descuidado  
De tu nombre en la noche los elfos se han burlado
Porque el viento gótico bajó uno de tus pinos   
A lo lejos huye el bosque como una antigua armada
Cuyas lanzas oh pinos se agitan al girar  
Los pueblos a oscuras meditan ahora mismo  
Como las vírgenes los viejos y los poetas   
Y no despertarán ante el paso de nadie   
Ni cuando sobre sus palomas caigan los gipaetos

                                                                                  1913



LAS VENTANAS

Del rojo al verde el amarillo muere 
Cuando cantan los loros en los bosques natales 
Abatís de pihis
Hay un poema por hacer sobre el pájaro que sólo tiene un ala 
Vamos a mandarlo por teléfono 
Traumatismo gigante 
Hace llorar los ojos 
Ahí una bonita joven entre jóvenes turinesas 
El pobre joven se sonaba la nariz en su corbata blanca  
Levantarás la cortina 
Y verás que se abre la ventana  
Arañas cuando las manos tejían la luz 
Belleza palidez insondables violetas 
Trataremos en vano de tomar un descanso 
Se comenzará a medianoche 
Cuando se tiene el tiempo se tiene la libertad 
Caracoles Rapes múltiples Soles y el Erizo de mar del poniente  
Un viejo par de zapatos frente a la ventana 
Torres  
Las torres son las calles  
Pozos 
Pozos eso son las plazas  
Pozos 
Árboles huecos que albergan mulatas errantes 
Mestizos cantan canciones hasta morir 
A las mestizas pardas 
Y la oca cuá-cuá trompeta al norte 
Donde los cazadores de ratones  
Raspan las pieles  
Reluciente diamante 
Vancouver  
Donde el tren blanco de nieve y luces nocturnas huye del invierno 
Oh París 
Del rojo al verde el amarillo muere  
París Vancouver Hyères Maintenon New York y las Antillas  
La ventana se abre como una naranja 
El fruto hermoso de la luz


OTOÑO ENFERMO

Otoño enfermo y adorado
Morirás cuando el huracán sople en los rosales
Cuando haya nevado
Sobre los huertos

Pobre otoño
Morís en blancura y en riqueza
De nieve y frutos maduros 
Al fondo del cielo
Los halcones planean
Sobre cándidas nixes de cabellera verde y enanas
Que nunca han amado

En las lindes lejanas 
Los ciervos bramaron

Y yo amo oh estación yo amo tus rumores
Los frutos que caen sin que nadie los levante 
El viento y el bosque que derraman
Sus lágrimas en otoño hoja a hoja 
                          Las hojas 
                          Que uno pisa
                          Un tren 
                          Que avanza
                          La vida
                          Que pasa

                                                                            1913


Extraídos de: Guillaume Apollinaire, Alcools, Gallimard, Paris, 1984, y Guillaume Apollinaire, Calligrammes, poèmes de la paix et de la guerre, 1913-1916, Mercure de France, 1918. Versiones de Adrián Bollini.

Guillaume Apollinaire. Poeta, escritor, teórico y crítico de arte francés. Nació en Roma el 26 de agosto de 1880. Fue uno de los grandes renovadores de la poesía francesa de principios del XX y un ferviente difusor y teórico de vanguardias artísticas como el cubismo, el fauvismo y el orfismo. A su pluma también se atribuye la invención del término “surrealismo”. Entre sus obras poéticas, destacan Alcoholes (1913) y Caligramas (1918). Combatió voluntariamente por Francia durante la Primera Guerra Mundial. Murió a causa de la gripe española en París, el 9 de noviembre de 1918.

Adrián Bollini. Nació en 1988 en Bragado, Provincia de Buenos Aires. Poeta y traductor. Publicó por Alción Editora (Córdoba) los libros de poesía Escritos de Dédalo, Sísifo y Pandora (2009), Ascética de Heuzek (2015) y Poesía genealógica 2006-2021 (2022). Tradujo a Paul Valéry, Ezra Pound, Roger Gilbert-Lecomte, Dino Campana, Charles Cros, Germain Nouveau, Tristan Corbière y Robert Frost, entre otros. Administra junto a los hermanos Guillermo y Andrés Romero von Zeschau el sitio web Navis fracta – Literatura y Arte.


miércoles, 3 de junio de 2026

Esteban Moore: EL FILETE PORTEÑO

 


 
                                                                                                                                                                   



La datación histórica del nacimiento del filete es difusa. El inicio de esta práctica, la  de adornar los carros de carga,  que se transformaría con el correr del tiempo en una expresión artística urbana propia de la ciudad de Buenos Aires, comenzó en algún momento, en los últimos años del siglo siglo XIX  y los albores del  XX.  

El paso de los años le sería pródigo, convertiría este oficio, ya centenario, en uno de los símbolos de nuestra cultura ciudadana, que por su característica eminentemente decorativa y su contenido, se diferencia claramente de la tradición  que en este campo  se lleva a cabo en otros países.

Distintos testimonios sostienen que fue  en una fábrica de carros, en la época en la que éstos se pintaban de un gris uniforme, al igual que los carros municipales, que un pintor decidió cambiar el color de uno de ellos.  Esta audaz modificación fue aceptada  inmediatamente por los usuarios y el público en general.

La innovación en el color de la pintura fue seguida luego por la realización de los primeros recuadros en carros y jardineras de panaderos, en los que se incluyeron filetes de distintos espesores, medidas y colores. A partir de este momento los carros ya no sólo llevarían en sus flancos inscripciones con el nombre de sus dueños o de las empresas propietarias. Entra en escena una forma artística compleja, que muestra una simetría perfecta, la acertada coordinación de los distintos elementos ornamentales, de los colores y una combinación de los claros y oscuros. 

El filete más tarde se enriquecería con el agregado de los detalles  de  la gráfica del papel moneda argentino, de los ornamentos arquitectónicos,  y de  la letra gótica. Estos elementos decorativos se complementaban con imágenes de flores, paisajes,  aves, animales, retratos de Carlos Gardel, escenas del turf y en algunos casos reproducciones de la Virgen de Luján. 

De raíces fundamentalmente populares, este arte aplicado engalanaría, luego de la desaparición del carro, otros medios de transporte y carga más modernos como: el colectivo y el camión.  

De su condición de arte aplicado pasará posteriormente al caballete, rescatado por distintos artistas. Esperamos que en un futuro cercano este arte popular porteño pueda recorrer nuevamente las calles de Buenos Aires. Y que lo haga en los medios que fueron fundamentales en la difusión del trabajo de los maestros fileteadores: el colectivo y otros medios de carga.                                                                                                                                                                                                                                             
El fileteado en los medios públicos de transporte fue prohibido por una ordenanza (SETOP 1605/75), actualizada en 1985 y derogada en 2006.                                                                                                                                                                                                  
Anteriormente el gobierno de la época había colocado un disco giratorio, de grandes proporciones, en el obelisco con la leyenda: “El silencio es salud”. Toda una definición.

En la actualidad el porteño de a pie puede observar que las unidades de distintas líneas de colectivos, con recorridos distintos, ha sido pintadas del mismo color: azul. Medida que confunde a aquellos que a la distancia los identificaban por su color, ya que el número correspondientes a cada una de ellas es visible a corta distancia. 

Y en sus laterales todas llevan la misma ilustración. Unos trazos curvos  con la pretensión de ser un filete. Pero que poco y nada tienen que ver con la tradición creativa y la representación de símbolos y sentimientos que realiza el filete porteño, inspirándose, en diversos aspectos de nuestra cultura popular. 




 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

                                                                                                                                                    

jueves, 28 de mayo de 2026

Gabriele D’Annunzio: 5 poemas

 

 Gabriele D’Annunzio

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        


RECUERDO DE TREVI

Súbitamente aparecida en la mañana
de febrero sonreía la joven
Primavera. La Ciudad entera temblaba 
de asombro ante la risa repentina.

Se alegraba en la fuente el travertino
Papal. Y de lo alto del gran monumento
A todas partes se difundía con la espera
del agua un sutil hormigueo plateado.

Pero cuando ella pasó (¡recibí solo una
mirada y casi sentí un inmortal deleite!) 
hizo la fuente un alto murmullo

y de los hombros vastos de Neptuno
se elevó, con un claro rumor de alas, 
un vuelo de palomas hacia el cielo.


 AL IDEAL

Sos la luz límpida y tranquila 
donde el mal de los espíritus que huyen 
se pierde, así como hojas al viento 
se perdía el dictamen de la Sibila. 

Sos la fuente que brilla y canta 
en el alba y llama a los que esperan a sus aguas: 
ellos se acercan como abejas ardientes 
al lirio que la miel más pura destila. 

Pero yo no puedo ver tu luz 
soberana, ahora que un beso cruel 
estos párpados dañados agrava. 

No puedo beber de tu fuente piadosa, 
ahora que un beso cruel entristece 
esta boca que tanto te anhelaba.


 SED NON SATIATUS

Ya no más en los grises ojos sin brillo  
el destello de juventud me sonríe.  
Mi bárbara y fuerte juventud  
en brazos de mujeres se destruye.  

Alto gritando en vano mi cohorte  
a las armas me llama y al combate,  
a mí que en el ocio mi hermosa suerte   
olvido en voluptuosidades traidoras y dementes.  

Algo como un tóxico suave ahora asciende  
por cada arteria, una larga debilidad me enerva;  
y ya no me quedan fuerzas para luchar,  

como cuando, frente al viento del noroeste,  
me embestía la estrofa ebria y arrogante  
que al comienzo declara: “¡Oh mar, oh mar, oh mar!”

                        II

Ah, bellos cuerpos de mujeres enroscadas  
con los anillos de una ágil serpiente blanca,  
Aún no logro de sus lazos  
Librar mi flanco satisfecho.   

Hermosos senos de punta alerta y florecientes    
donde al alba mi cabeza agotada reposa 
cuando en supremos abatimientos   
de placer me endurezco y deshago;  

espaldas felinas por cuyos surcos trepo    
en ritmo con mis dedos melodiosos  
como sobre los nervios de una lira,  

dientes a cuya fácil mordedura me entrego,  
bocas que sangran más de una herida,  
porque dulce es por ustedes marchitarme.


LA IMAGEN

¡Horrible tristeza de la carne inmunda, 
cuando la llama del deseo en el hielo 
del disgusto se apaga y ningún velo 
de amor la inerte desnudez circunda!  

(Surgís, entonces, en el alma profunda, 
oh Imagen pura. Al igual que sobre el tallo  
el fúnebre asfódelo esbelto se pliega,  
sobre el cuello inclinás tu dorada cabeza).  

¡Inmensa tristeza de la carne bruta  
cuando en el pecho tenue el corazón se agita,  
solitario y lejano como dentro de una tumba!  

(Y vos mirás, siempre mirás, oh silenciosa
Imagen, pura como la leche,
con tus suaves ojos de paloma).


LA QUIMERA

                         Cumque anima cruor.

Cuando, furia de amor, en laberintos
de rosa la bellísima Quimera
conducía sedientos en hileras
blancos efebos cautivos hacia sus cabellos,

Reían ellos teñidos con su sangre
por la uñas y el beso de la bestia ardiente;
y luego en la llama de esa gran cabellera
se desvanecían como lánguidos jacintos.

Así, oh Sueño mío, en tus tristes auroras
espíritus huidos de mi corazón
emergen a la vez y luchan con estrépito.

Devotos siguen su ciega suerte;
y oyendo de cerca el ruido de la Muerte,
ríen ebrios de alegría y de dolor.



Extraído de: Gabriele D’Annunzio, Canto Novo - Intermezzo,  Fratelli Treves, 1896. Versiones de ADRIÁN BOLLINI.

GABRIELE D'ANNUNZIO (Pescara, 12 de marzo de 1863-Gardone Riviera, 1 de marzo de 1938), fue un novelista, poeta, dramaturgo, periodista, militar y político italiano. Junto a Giovanni Pascoli y Giosuè Carducci, ocupa un lugar primordial en la poesía italiana de finales del siglo XIX y principios del XX. Asociado al simbolismo, al decadentismo y al esteticismo europeos, D’Annunzio llegó a ser en vida el poeta más célebre de Italia, recibiendo el epíteto de “Il Vate”. Su participación en la Gran Guerra lo convirtió en héroe nacional. Fue un ferviente promotor del ultranacionalismo y creador de la efímera Regencia italiana de Carnaro, de la cual se autoproclamó Duce. Derrotado por las fuerzas italianas luego de los enfrentamientos de la denominada Navidad Sangrienta de 1920, se retiró a su casa a orillas del lago de Garda, donde pasó los restantes años de su vida escribiendo. Entre sus obras poéticas destacadas se cuentan Canto nuevo (1882), Poema Paradisíaco (1893) y Alcíone (1903).

ADRIÁN BOLLINI. Nació en 1988 en Bragado, Provincia de Buenos Aires. Poeta y traductor. Publicó por Alción Editora (Córdoba) los libros de poesía Escritos de Dédalo, Sísifo y Pandora (2009), Ascética de Heuzek (2015) y Poesía genealógica 2006-2021 (2022). Tradujo a Paul Valéry, Ezra Pound, Roger Gilbert-Lecomte, Dino Campana, Charles Cros, Germain Nouveau, Tristan Corbière y Robert Frost, entre otros. Administra junto a los hermanos Guillermo y Andrés Romero von Zeschau el sitio web Navis fracta – Literatura y Arte.


lunes, 25 de mayo de 2026

Osvaldo Picardo: Poemas

 

Osvaldo Picardo

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

DE “QUIS QUID UBI. POEMAS DE QUINTILIANO” ED. MARTIN, 1996 
(VERSIÓN CORREGIDA, 2026)

F.Q.
I: El pasado   
Para que alguien aún diga Fabio Quintiliano, 
para que esos sonidos por un instante emerjan 
y se hundan en largos siglos de páginas empolvadas,
hubo muertes más que nacimientos. Una Roma en llamas,
el recuerdo de los higos que Catón trajo de Cartago,
y el horror de Herculano y Pompeya.
Un Séneca con un alumno siniestro 
y un Pedro y un Pablo que profesaron en una secta y repetían:
una sola palabra tuya bastará para sanarme.

Todo esto está en mi nombre y en tu oído 
trepa lento como un caracol sobre un vidrio 
(detrás dicen haber visto una historia de salvación,
otra de progreso y ésta sin novedad).


ESCRITURA DE ROMA

Roma no es una ciudad sino una escritura heredada:
un acróstico de chicos, el revés de las palabras,
Cicerón y César entrelazados, la urbs de los caminos 
centrípetos (también la Argirópolis de Sarmiento, 
o del bárbaro Perón evocando y evocado, 
o un simple mapa turístico en manos de un chino).

Roma no es una ciudad cuando usted asoma 
su filmadora bajo otra bonita mañana.
¿Cómo negar el ser del tiempo, por sus calles? 
¿Cómo no leer aún sin anteojos cuando previsibles 
y provisorias surgen las columnas de Vesta? 
Y usted con el ojo en el agujerito de su mundo, 
me dice confidente y lleno de espaguetis:

-No sabe cuánto me entristece ver
tantas ruinas de lo que fue un imperio...

Pleitos y discusiones por causas ínfimas 
se escuchan en el Foro, mientras el verano pesa 
en los pies y andamos hechos agua y trapo. Los yuyos, 
con impertinencia exagerada, garabatean los mármoles
y aún entre las voces modernas (para el oído adecuado) 
resuena por lo bajo, el hexámetro de Quintiliano
menos palpable y más duradero que un imperio: 

¿quis, quid, ubi, quibus auxiliis, cur, quomodo y quando?

Es mejor callar a este periodístico cuestionario
(en unos días volveré a mis alumnos y los siglos 
dejarán oír una vez más, a Marcial y a Ovidio 
con sus chismes, celos, engaños, amores). 
Seguiré caminando, por estas calles escritas, 
y usted volverá a subir a su ómnibus refrigerado 
para olvidarse de todo, menos de sí mismo.
Algunas abejas sobrevolarán los desperdicios
entre la arqueología del Foro, alguna flor 
en los matorrales y este viento fresco 
que empieza a alzar la túnica de algún sátiro cursi.  

Lo que ya no existe, no está escrito. Y por eso
no sabe usted cuánto me alegra haberlo visto
subir al ómnibus y dejar su hoja en blanco.




ODIOS Y CONSPIRACIONES

...y en un bonito mediodía de verano, sin pensarlo 
se odia y conspira 
mientras el negro rapado, el germano blanco,
el griego culto, el oriental tatuado 
admiran la retórica de los baños públicos.

Sin pensarlo demasiado,
uno, un día, empieza a odiar y no para,
mientras César escandaliza y pronuncia su discurso 
y en otro lado, ante esclavas de la Galia, 
caen túnicas de hilo y fajas.

Se odia y conspira, digo,
una noche, mientras abraza el viejo Claudio 
a la juventud negra de una etíope
y se enlazan multitudes 
al son de bombos y plazas. 

Se odia también de repente 
mientras renegocian el impuesto a la sangre 
y la memoria
y, sin contradecir el sueño de Calígula, 
la cabeza de Roma
es degollada de una sóla vez, mil veces.

Se odia y conspira, sí,
con la roja letra de los libros de historia 
o con el canto patriótico de Malvinas
o con el punto final de lo que no terminó.

...quieto ya, 
con mis ojos has leído estos odios: 

Hemos odiado tanto.


de “UNA COMPLICIDAD QUE SOBREVIVE”, ed. Martin, 2001 (VERSIÖN CORREGIDA, 2026)

LAS ESTRATEGIAS DE LA AUSENCIA


Su vaso sobre el vidrio de la mesa
no es sino un anillo de agua 
con que el brillo de una transparencia fingida
se pierde en otra, llena de destellos veraces.
También un cigarrillo apagado.

Se han confabulado los indicios
con una estrategia secreta
y te fuerzan a creer que ahí mismo estuvo
un apenas antes que vos, ahora
inmerso de rumoreo en cascada 
y trivial.
La pura presencia física de lo que sigue siendo
cuando hemos huido.

 II

No estuvo ahí mismo con vos.
¿Sirve de algo duplicar con palabras
la frase inmaterial que el tiempo deshace,
la puerta cerrada detrás?

La imposición de las cosas 
inmediata a la desvastación de los hechos
sobreviene y te abandona más pobre
en la abundancia
con que la memoria miente.


III

Una foto afirma que sucedió
e indaga inmóvil en lo que era movimiento,
gesto cosido en los fondos, muesca 
de novedad inadvertida.
Una cara que no miente su alegría
y el nombre mudo que le inventaba
su apenas abierta húmeda boca.

“Aquí sucedió entonces”
en retícula de álbum familiar
mientras la frase cansada entrega 
a un entierro rudimentario 
de oscuridades futuras.

Vos mirás pasmosamente sin creerlo
tu cadáver último.



DE PASIONES DE LA LÍNEA. (POEMAS DE NICOLÁS DE CUSA), Ed. En Danza, 2008 (Corregido en 2026)


ERROR DE CÁLCULO

Este jardín quedó abandonado,
incompleto e incomprensible 
como una mentira que se olvida.

Ahí viste a la codiciosa hormiga,
con sus veredas cavadas llevando 
a la espalda el peso de un elefante.

El rosal, la camelia y el espectáculo 
de los misteriosos tomates, 
el pulgón y la paciencia de la araña.

No sentías la fiebre cercana,
el absceso que la vejez prometía.
Un granito de arena en la uretra, 

una arruga, la presión, el olvido
en medio de una charla y, por último,
un bisturí contra el cáncer. 

La distancia en sí misma 
entre lo que fue y es toda una vida
parece un error de cálculo:

el trazo recto de una voluntad 
con su centro en todas partes 
y su circunferencia en ninguna. 

¿No fueron tus esfuerzos inútiles
y lo único cierto no fue lo que no tuviste? 
De este cúmulo de dudas, exaltaciones 

y desánimos ante lo hecho, inmodificable, 
un alivio te queda al menos: una línea 
escrita con el corazón, 

una intimidad cumplida. 



De 21 GRAMOS, Ediciones En Danza, 2014

EL DIBUJO DE UN NIÑO QUEDARÁ SIN RESPUESTA

I.

Dibujar es otra manera de preguntar.

El fracaso ya está en la línea.
Despega de un punto de apoyo
en que la mano imagina el vuelo
pero también, la irremediable caída.

Toda nuestra alma -lo que de ella
nos queda- gira en torno de las manos.
Por alguna paradójica razón
no se aferran a las cosas. Dibujan
la naturaleza de las formas. Tocan
el borde mudo de las preguntas:

Ese lado vacío del pensamiento,
abismal, en que un niño espera
que se haga tu voluntad.


II.

El niño dibuja. Se pasa las horas
con el dibujo sobre gruesas cartulinas.
Aún lo buscado esconde el regalo
que encierran las manos.

¿Cómo tocaste -pregunto- 
la fiesta que llena los árboles
y salta de una rama a la mesa?

Hay un hilo invisible que no deja
al gorrión ir más lejos que tus ojos.

El trazo accidentado del lápiz lleva,
a veces con esperanza, a veces
con recelo, a una sola sospecha:

¿Ahora hay algo que antes no había?




INÉDITOS (2026)

Epigramas de Marco Fabio Quintiliano 

1. Tracción a sangre (Frag. XCII- Papyrus argentumpontinus)

La bestia se detiene y tuerce el gordo cogote. 
Su aburrimiento tiene algo de sabio, digo,
la sabiduría que imaginás muy griega.

Un sacudón de riendas y tira de una montaña
de cartón y papeles escritos,
tachados, corregidos. Aparición urbana. 

Pienso, miro alejarse la metáphora griega. 
Tanto realismo hecho no más con palabras,
toda nuestra pobreza...

10. El jardincito ( Códice Macris II- frag.221. Adj a Luso)

El pobre Leónidas pasó toda la vida 
luchando en su jardín contra cardales y abrojos.
Estaba atrás de su casa en la villa treintiuno.

La mata de menta ató con cordón de zapato.
Y aquel rosal, gracias al veneno de cobalto 
de la vieja fábrica, dio unas rosas azules.

Y los tacos de reina, un verano, treparon 
por un barril oxidado hasta taparlo entero.

Llenos los almácigos, ahora, de botellas, 
yuyo crecido y bolsas, del largo adiós avisan.

12. La puta vieja (152-VII 455)

Cuando Príapo se para y el alero da nido,
Marónide llora y vuelve a llenar la copa.
 
El tren se fue de sus carnes y la estación ha perdido
techo y pasajeros, sólo palomas y atorrantes la cruzan.

La conocieron en Comodoro y en Bahía
los ojos de los hombres que conocieron el cielo.

OSVALDO  PICARDO: Nació en la ciudad de Mar del Plata (Bs. As., Argentina, 1955), donde actualmente reside. Ha escrito ensayos y crítica literaria para publicaciones y periódicos del país y del exterior. Colaboró con el Suplemento Literario de Télam entre el 2010 y el 2012. 
Entre sus libros de poemas: Quis, quid, ubi. Poemas de Quintiliano (Ed Martin, 1997);  Una complicidad que sobrevive (Ed. Martin, 2001) ; Mar del Plata (Ed. Martin,2005);  Pasiones de la línea. (Poemas de Nicolás de Cusa, 2008), de Ed. En Danza, Buenos Aires; 21 gramos, de Ed. En Danza, Buenos Aires, 2014; y en editorial Paradiso, en 2023, Nadar en el tiempo: una invención apócrifa. Y en 2024, la editorial española Endymion, presenta la antología Y miramos cómo oscurece.

Entre sus libros de ensayos e investigación cabe destacar: Primer mapa de poesía argentina. Solicitudes y urgencia. El noroeste: La Carpa y Tarja (2000). Antología Poética de Joaquín O. Giannuzzi, Visor, Madrid; “Poesía de pensamiento. Una antología de poesía argentina”, Endymion, Madrid. Y Colgados del lenguaje. Poesía en las Ciencias, de Baltasara Editora, Rosario, 2018. Tradujo junto a F. Scelzo y E. Moore The love poems, de James Laughlin (2001). Publicó también los cuentos Perón en el jardín y otros relatos (Amazon, 2018).

miércoles, 20 de mayo de 2026

Raymond Carver: Poemas

 

Raymond Carver
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         


Hechizo

Entre las cinco y las siete esta tarde
estuve recostado en el canal del sueño. Unido
 a este mundo nada más que por la esperanza,
dando vueltas en una corriente de oscuras imágenes.   
Fue en estas horas que las condiciones meteorológicas
sufrieron una metamorfosis, enloquecieron.  
Aquello que había sido vil y raído, pero comprensible,
se transformó  en algo hinchado y
irreconocible. Algo totalmente malvado. 

Mi abatido ánimo, no necesitaba nada de esto. 
Era  lo último que deseaba sobre la tierra. 
Por lo tanto, reuniendo todas mis energías
decidí empujar el mal tiempo
enviarlo costa abajo a un río muy lejano que conozco.
Un río capaz de controlar el mal tiempo.
¿Y si el río debe huir hacia terrenos
más altos ? Dale algunos días.
Ya hallará su camino.

Entonces todo volverá a ser como antes. Lo juro
esto no será más que un mal recuerdo, si llega a eso. 
 Sí, a estas horas la semana que viene ya no recordaré 
 lo que sentía mientras escribía esto.
Habré olvidado que una tarde dormí mal,
que tuve ciertas pesadillas, para despertar a las siete de la tarde
mirar el cielo tormentoso y, después de ese primer sobresalto—
recuperar el coraje. Pensar largamente y con intensidad
acerca de lo que quiero, lo que puedo dejar de lado
o enviar a otro sitio. ¡Y luego hacerlo!
Sí. Utilizando palabras y signos. 


Vigilia

Ellos esperaron todo el día la aparición del sol. Finalmente,
en las últimas horas de la tarde, como un príncipe bondadoso
éste se mostró por unos pocos minutos.
Resplandeció en las alturas iluminando la pradera que se extiende
al pie de las montañas detrás de la casa prestada que ocupaban.
Luego las nubes se cerraron nuevamente.  

Ellos estaban suficientemente felices. Pero, toda la tarde
las cortinas tuvieron gestos melancólicos,
flotando frente a las ventanas abiertas. Después de la cena 
salieron al balcón. Donde escucharon a las aguas estrellándose
en las rocosas márgenes del río y, aún más cercano,
el crujido de los árboles, el suspiro de las ramas.
 
El  pasto crecido prometía susurrar eternamente.
Ella estiró sus dedos y le acarició el cuello.
El tocó suavemente las mejillas pálidas de la mujer.
Luego de todos lados aparecieron murciélagos acosándolos.
Decidieron entrar en la casa. Cerraron las ventanas. Mantuvieron
su distancia. Observaron la lenta procesión de estrellas, 
advirtiendo, de vez en cuando, el vuelo de esas pequeñas criaturas
frente al rostro de la luna. 


La relampagueante velocidad del pasado

                      El cadáver alimenta la ansiedad en aquellos hombres  
                      que creen en el juicio final, y en aquellos que no. 
                                                                                 André Malraux


Enterró a su esposa, que murió en la 
desdicha. Y, él en la suya,
se refugió en la galería de la casa, desde donde observaba
la puesta del sol, el surgimiento de la luna.
Los día aparentemente pasaban, solo
para regresar nuevamente. Como en un sueño en el 
que uno piensa, esto ya lo soñé.

Nada, que habiendo llegado, permanecerá.
Con su cuchillo peló una manzana.
La blanca pulpa, el cuerpo de la manzana,
se oscureció,
y viró del marrón al negro, frente a sus ojos.
El rostro gastado de la muerte.
La relampagueante velocidad del pasado.                                                                                                                                                                                                                                                                                      (versiones Esteban Moore)

Raymond Carver (Clatskanie, Oregon, 1938 - Port Angeles, Washington, 1988)
Referencias q.v. posteos anteriores.